jueves, 22 de mayo de 2014

El Escritor Leido




El Escritor Leído

Jose. A. Rivera

Eterno cuerpo de letras que

descifran el miedo del concepto
que esclaviza la necesidad.

La verdad observa con recelo

las falsas hijas que la imitan.
La verdad en su dualidad se
detendrá.

En un eterno cuerpo de letras imitadas,

de dualidades detenidas por la ultima morada.
Grandeza que vuelve a nada.

Que es el asombro o el derecho propio

si no es compartido con dual afinidad.

Que es el amor o el afecto,

si no la inercia y arquitecta de la
nada que renace en lo imposible.

Solo observo y cuando detengo

soy siervo del universo y sus misterios.
Creando preguntas que no deben tener respuestas.

Sin asombro, solo soy mi voz.

Un hecho colectivo que obliga el silencio.
Un asombro que detiene y viene con ojos
sensibles a lo no visible.

Donde estoy , no es un hoy.

Donde estuve , no lo camine.
Lo que encontré, no lo busque.

Don sin maldición entre delirios de

pasión o fanatismo apegado a mi
justificación.

Obligado a describir lo que no puede

un alfabeto concebir. Limitado, evoluciono
transciendo y vivo pero no con los vivos.

Sin aspecto fractal, surge natural

un indicio benigno  que justifica
el verbo cuando se vuelve tiempo.

Un compendio de espera, paciencia

y pruebas en perspectiva repetitiva.

No es locura estudiar la vida.

La locura la encontré cuando
a un tercero le explique.

El todo se deja entender pero,

solo con el todo te entenderás.

El conocimiento no es mas que

un proceso selectivo que aparenta
azar por decisiones propias.

Perdí la vida, pero sigo siendo una silaba.

Perdí el asombro, pero entre estos verbos
recojo los escombros de ojos.

Mil vidas en una , milagros y pasión

soy la excepción del siglo.
La expresión inaudita de la
sabiduría del silencio.

Acostumbrado a la decepción y escondido del destino.

Me levanto día a día.
Con mi eterna encadenada distancia que, 
me condena en mis propias palabras.

Digno misterio... el que siempre sera un misterio.

El cuenta cuentos, la excepción y expresión del
humanismo moderno.
Encamino mis fantasías pero,
no en el suelo en el que ellas caminan.